UN FUMADERO DE OPIO DE HACE 3300 AÑOS

La historia de los opiáceos merece nuestra atención porque desde la remota antigüedad hasta la actualidad, no hemos dejado de utilizarlos en la práctica médica como atenuantes del dolor. Su uso fuera del ámbito médico está atestiguado en todas las épocas, también y todavía en la actual. Ahora bien, hay una gran diferencia entre los opiáceos actuales y el opio original extraído de la planta de la amapola. Esta diferencia es el “refinamiento”. La última generación de opiáceos, a la que pertenece el fentanilo, es 1000 veces más potente que el opio crudo extraído de la planta. El incremento de la potencia de los opiáceos ha sido exponencial. Veamos la progresión desde el opio de la planta original hasta llegar al fentanilo de la actualidad.

Uno de los primeros productos refinados del opio fue la morfina. Si al látex de la planta en crudo, lo que llamamos opio, le damos una potencia de 1, entonces la morfina recibe una potencia de 10. Otro producto refinado posterior es la heroína, que va un paso más allá de la morfina y se la considera semisintética, lo que le permitió en su momento poder patentarse Ateniendonos al estandar del opio crudo, la heroina recibiría, una potencia de 20, es decir 20 veces más potente que el opio. Bien pues el fentanilo se sitúa entre 500 a 1000 veces más potente que el opio crudo. El fentanilo ya es una sustancia totalmente sintética con patente del año 1959 actualmente expirada. Y si insisto en lo de la potencia es por dos razones. Una es que con la potencia viene implícita también la capacidad adictiva de la sustancia y cierta dificultad en la dosificación. La otra es que da que pensar que vivamos en una sociedad donde los opiáceos tengan esta potencia tan grande y que su uso fuera del ámbito médico esté dando tantos quebraderos de cabeza en Estados Unidos, paradigma de la sociedad occidental actual.

Frente a la agresividad del fentanilo del siglo XXI, el opio de la antigüedad está envuelto en algo más de misticismo.

Quiero que mires bien la imagen de esta figura y luego te cuento sobre ella. Fíjate en lo que lleva en la cabeza a modo de diadema .

Efectivamente, entre los cabellos y una especie de cinta parecen asomar tres cápsulas de amapola con sus respectivas incisiones para la extracción del látex, que es en realidad lo que llamamos opio crudo. Esta figurilla procede del santuario cretense de Gazi, y aunque no hay unanimidad en su cronología, parece que la más aceptada es en torno al siglo XIII a.c.

A esta figurilla se la ha llamado “diosa de la adormidera”, por esa manía de dar el nombre de diosa a toda representación femenina de la antigüedad, como si no hubiera otra razón para representarlas a ellas. También se la ha llamado “diosa del éxtasis”, por la actitud de la propia figura. Hay quien prefiere verla como patrona de la curación o como algun tipo de diosa asociada a los cultos agrarios, incluso hay quien ve en ella una diosa de los muertos, una suerte de psicopompo que conduciría a los mortales al sueño para despertar luego en el más allá. Los arqueólogos han encontrado multitud de vestigios y representaciones de las cápsulas de adormidera, de modo que esta figurilla no es algo aislado sino que forma parte de un corpus mayor que comprende pequeños recipientes, agujas en forma de cápsula de adormidera, figurillas, pipas de fumar, incensarios, y por supuesto cápsulas y semillas en algunos enterramientos.

El lugar específico donde se encontró es curioso en sí mismo puesto que se trata de una habitación subterránea, sin más abertura que probablemente la practicada en el techo. No se trata de una tumba sino de un recinto ceremonial donde se han hallado carbones en el interior de una cerámica dispuesta a modo de hogar, sugiriendo que era utilizada como quemadero. Total, todo parece indicar que se trataba de un fumadero ritual de opio, o mejor dicho de un inhaladero ritual. Desconocemos si sus vapores se inhalaban en el interior de la habitación o bien estos atravesaban el techo agujereado para esparcirse en una sala superior. Desconocemos si su funcionalidad era medicinal o bien estaba destinado a propiciar el éxtasis visionario. Ambas posibilidades se dieron más tarde en la Grecia clásica e incluso bien pudiera ser que ambas funcionalidades se dieran a la vez.

Era conocido el peligro que entrañaba el uso continuado del opio y sus efectos secundarios así como los efectos de una sobredosis, de modo que cabe imaginar que las personas encargadas de su manipulación debían conocer las dosis apropiadas para obtener los beneficios que se buscaran. Usado con sabiduría podía quitar el dolor, anestesiar o … matar. No me cabe ninguna duda de que se usó en los tres casos.

Sea que los humanos busquen refugio en los opiáceos para solventar sus dolores físicos o bien para sus dolores del alma, el resultado final es un escaparse del dolor. La amapola y sus principios activos actúan de prestidigitadores en el cerebro para que éste haga desaparecer esos dolores inherentes a la vida material. Un dolor de muelas, un hueso roto, un parto dificil, una operación quirúrgica, la vida nos expone a circunstancias que precisan una anestesia puntual para ser solucionadas con precisión sin crear grandes traumas. Aquí es donde los opiáceos suponen una solución inmediata para dejar de sentir. El problema viene cuando lo que se deja de sentir es la vida misma. Porque entonces la vida le pertenece a la diosa, al médico, al camello o a algo mucho peor.

La naturaleza creó un opiaceo con un poder de 1, los humanos hemos creado un opiaceo con un poder de 1000. ¿Tanto dolor hay que solventar? Quizás, después de 3300 años ha llegado el momento de empezar a actuar sobre las causas de ese dolor. Mal les pese a diosas, médicos, camellos o lo que sea.

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