Cómo un remedio ocular puede relacionarse con la teoría de la sociedad líquida de Zygmunt Bauman
A veces ocurre que hablando el mismo idioma y las mismas palabras no logramos entendernos. No porque los puntos de vista difieran por una cuestión personal, social o cultural, sino simple y llanamente porque la misma palabra en el mismo idioma puede significar cosas distintas en distintas zonas geográficas. Esto ya ocurre entre los hablantes del castellano en la península ibérica, pero se incrementa todavía más con los hablantes de la zona hispanoamericana, donde algunas palabras disfrutan saltando de un significado a otro. Esta variación léxica viene dada por el factor geográfico. Ahora a este factor espacial añadámosle el factor tiempo, es decir la misma palabra en distintas épocas. Lo que ocurre entonces, es que los significados vuelven a saltar y variar. Si no se tienen en cuenta estos factores, el resultado desemboca en un malentendido.
Este artículo tiene por objetivo evitar este malentendido en una palabra en concreto: la palabra colirio. ¿Quién diría que hay algún tipo de confusión con ella? Pues si, la hay, porque lo que hoy llamamos colirio, no era exactamente lo mismo en la antigüedad. Y no lo fue hasta el siglo XIX. Echando cuentas el significado actual de colirio es de hace dos días, mientras que el antiguo lleva varios siglos a sus espaldas. Sin embargo, nadie recuerda lo que era ese colirio de antes porque la sustitución de significados ha sido total. Los colirios de antes han dejado de existir y solo nos queda el recuerdo de lo que fueron. Este cambio de significado refleja un cambio social que va más allá del ámbito medicinal.

LO QUE ENTENDEMOS NOSOTROS POR COLIRIO
Todos nosotros, humanos actuales en contacto con la farmacia industrializada, reconocemos un colirio como ese remedio líquido que se instila en el ojo. Habitualmente viene envasado en frasquitos de plástico cuyo interior es perfectamente estéril, hasta que lo abrimos claro. Su aspecto es parecido a agua o a aceite, pero sabemos que lleva disuelto el ingrediente que sea, antibiótico, antinflamatorio, humectante, en fin, el que se precise para actuar en la dirección elegida.
Para usarlo solo es necesario abrir bien el ojo a fin de que pueda recibir las gotitas prescritas y hagan su efecto en contacto con la mucosa ocular. Es decir, que cumple el propósito de ser un remedio efectivo e inmediato, listo para usar al instante. La mayor parte de los colirios actuales se destinan a tratar conjuntivitis o a dilatar pupilas para diagnóstico, aunque las aplicaciones son muy amplias.
Y hasta aquí lo que entendemos nosotros por colirio, que lo he escrito más que nada para contrastar con lo que vas a leer a continuación.
LO QUE UN ANTIGUO ENTENDÍA POR COLIRIO
Si yo voy a la Roma clásica y pido un colirio me van a dar un bastoncito o una tableta redonda o algo por el estilo. Nunca me darán algo líquido, siempre sólido. ¿Cómo puede ser? ¿Qué es un colirio exactamente antes de que existieran los recipientes esterilizados actuales, antes de popularizarse el suero y antes de los remedios monodosis de usar y tirar? Es lógico que fuera algo distinto, puesto que ni los recipientes ni el contenido ni el formato actual podrían darse con anterioridad al desarrollo farmacéutico del siglo XIX.
Empecemos por el principio. Colirio proviene del griego antiguo κολλύριον (kollýrion) y significaba originalmente “pastilla” o “pastita”, es decir, un pequeño panecillo o masa. Si la palabra para designar un panecillo o torta se extendió a remedio oftálmico hay que entender que tenían algún parecido en cuanto a la forma.
Pero nos sigue resultando extraño el formato. Un colirio de este tipo era seco y compacto, y en consecuencia no podía usarse del modo ahora acostumbrado, instilando gotas directamente en el ojo. Por lo tanto era necesario que sufriera algún tipo de manipulación extra y aún así conservara su estatus de colirio. Digo esto del estatus porque también existían los lavados oculares con hierbas medicinales que cualquiera podía realizar de forma doméstica. En cambio un colirio era algo de más prestigio, algo que tenía que pagarse más caro ya que estaba fabricado por profesionales y contenía ingredientes de más alto rango que los simples lavados caseros con hierbas.
Imaginémonos pues que tenemos necesidad de usar un colirio y estamos en la antigua Roma. Lo primero que haríamos es romper un cachito y luego tener a mano un vaso de vino y un huevo! Antes de que tu imaginación cabalgue demasiado lejos con el vino y el huevo déjame aclarar que la aplicación de estos colirios nunca consistía en introducirse en el interior del ojo, sino que se aplicaban siempre en la zona periocular o en los párpados. Ningún contacto con la córnea ni con la mucosa del ojo. Aclarado este punto, vamos ahora con el vino. El vino era utilizado como solvente, se añadía poco a poco al cachito sólido de colirio hasta que tener un líquido espeso. Del huevo únicamente interesaba la clara, porque la clara actúa como un fijador, crea una película que se seca y permite que el remedio se quede literalmente pegado el tiempo necesario para que haga efecto.
DEL PAN AL AGUA, O DICHO DE OTRO MODO, LA LICUEFACCIÓN DEL COLIRIO
De una pastilla de masa a una botellita de plástico con agua. Este ha sido el recorrido del colirio desde la antigüedad hasta nuestros días. De lo sólido a lo líquido. Esta metamorfosis encaja a la perfección con el diagnóstico baumaniano sobre las sociedades líquidas actuales. Bauman dice que lo que era estable, duradero y requería esfuerzo para preparar, se ha convertido en algo instantáneo, desechable y fluido. En nuestro caso el sólido colirio antiguo requería una preparación previa a la aplicación, en cambio el líquido colirio actual es inmediato. Podríamos decir que la palabra misma ha experimentado la licuefacción que Bauman identificó como característica definitoria de nuestro tiempo.

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