
EL TESORO DE LOS POBRES
Andaba el año 1270 cuando Petrus Hispanus publicó su libro “El tesoro de los pobres”. Se trata de un libro que recopila recetas medicinales para tratar dolencias habituales. Estas recetas están extraídas de 56 autores diferentes y entre ellos destacan los conocidísimos Dioscórides, Avicena y Galeno. Es decir, un cortar y pegar en toda regla pero con la elegancia de nombrar las fuentes. No existía el copyright por esos entonces y hay que aclarar que si se nombraba el autor no era tanto por darle a cada cual el reconocimiento merecido sino más bien para dotar al libro del prestigio y autoridad de unas fuentes indiscutibles, nombres de reconocida solvencia, cuya sola mención era suficiente para dar crédito a la receta.
Para ser exactos no podemos decir que lo publicó sino más bien que lo terminó y lo lanzó al mundo, ya que en el siglo XIII no se publicaban libros, se escribían manuscritos y cada uno era fruto de horas de transcripción a mano. Página por página, línea a línea. Esta edición artesanal no podía producir un número alto de ejemplares, con lo cual cada uno de ellos era un tesoro.
Pero este libro tenía más vocación de tesoro que los otros libros que se escribían por la época, fueran de caballerías para entretener, o religiosos para sostener el alma o sesudos volúmenes de pensamientos ajenos. Este libro quería impactar de otro modo, quería dar algo más, ser un tesoro. No solamente porque así lo indica su título sino también porque lo que ofrecía es aquello que se suele decir que no tiene precio: la salud. Poseer este libro, pues, era poseer el tesoro incalculable de la salud. ¡He aquí un título con un gancho sin igual! ¿Quién no va a querer tamaña riqueza?.
Por supuesto, fue un best-seller de la época, se tradució del latín al italiano, inglés, francés, catalán y alemán. Una legión de escribanos se hartaron de escribir y reescribir este libro hasta que la imprenta les sustituyó. Entonces aparecieron las ediciones en castellano y el número de ejemplares se multiplicó, imprimiéndose repetidamente durante 300 años.
CHOCAR CONTRA EL TECHO
Del autor del libro, que llegó a ser Papa de Roma, se cuenta que encontrándose en una situación de apuro económico, se vio obligado a vender su Biblia. Un sacrificio enorme, puesto que aspiraba a realizar carrera en el mundo eclesiástico. De un modo u otro pudo recuperarse y emplearse como profesor de universidad, poco a poco fue ascendiendo hasta llegar a cardenal. Cubiertas las necesidades, con reconocimiento social y con posibilidad de progresar en sus estudios médicos y bibliográficos, Petrus Hispanicus había logrado el éxito.
Su Tesoro de los pobres nació con una misión noble, la de cultivar la salud entre aquellos que no podían pagarse un médico, lástima que solían ser los mismos que no sabían leer ni destinar recursos en la adquisición de un libro. Prefiero pensar que de todos modos cayó en manos capaces, algún médico de provincias con vocación verdadera de ser útil a sus conciudadanos, o porque no, en manos femeninas, tan desposeídas de todo crédito al respecto.
Pero ay, la vida tiene el vicio de parecerse más bien a un torrente que a un lago tranquilo, que a la que te despistas o se seca o se desmadra. Y nuestro benévolo autor, nuestro Petrus de buenas intenciones, salvador de los pobres, intelectual de pro, fue nombrado Papa.
Si la noticia le llenó de alegría o de aturullamiento esto no lo puedo saber. Tampoco puedo saber si era consciente que su nombramiento se parecía a todas guisas al nombramiento de un títere. Digo esto porque según parece el poder real del papado no lo ostentó él, sino el cardenal Giovanni Gaetano Orsini, principal avalador en su nombramiento y al cual nombró arcipreste de San Pedro. En la práctica el cardenal Giovano llevaba el timón y Petrus, ahora Juan XXI, podía consagrarse a sus estudios.
¿Había llegado a lo más alto que podía llegar? Probablemente sí, porque este Papa tenía demasiadas inquietudes intelectuales y esto no suele gustar a los amos del mundo, entre los cuales probablemente él no formara parte. Se le asignó una biblioteca para que pasara allí tanto tiempo como pudiera disponer para proseguir con sus estudios. Los asuntos mundanos los llevaba el susodicho Giovano, descargándolo a él de tareas tan ingratas. El tal Giovano pertenecía a una de las familias italianas poderosas del bajo medioevo y el renacimiento, los Orsini. ¿Cuánto tiempo podía pasar hasta que anhelara el puesto de Papa para él mismo? ¿ No estaba ya actuando como tal pero sin la gloria de serlo? Tengo una respuesta: 8 meses. 8 meses son los que duró Juan XXI como Papa, hasta que una desgracia lo envió al otro mundo. Y es que Juan XXI chocó contra el techo de una manera simbólica y también literal. Me explico.
Juan XXI murió aplastado por el techo de la biblioteca donde se retiraba a estudiar. No fue una muerte rápida, puesto que agonizó durante 6 días. Simbólicamente chocó contra el techo que los Orsini le pusieron, “hasta aquí”, dijeron presuntamente, “mejor te vas yendo y dejas el puesto a nuestro chico” Porque efectivamente, luego de Juan XXI el siguiente Papa fue Giovani, con el nombre de Nicolás III. La casualidad hizo que ese techo bajo el que Juan XXI esperaba encontrar paz, el techo de su biblioteca, y el techo del papado, fuera el desencadenante de su muerte. Él, que tanto había estudiado de medicina y de cómo conservar la salud, que sabía curar magulladuras tanto del cuerpo como del alma, hete aquí que nadie fue capaz de revertir la gravedad de sus heridas. ¡Qué mala suerte tuvo!
Dante Alighieri en su obra La divina comedia coloca a Juan XXI en la Esfera del Sol del Paraíso con los espíritus de otros grandes eruditos religiosos. Sin embargo al papa Nicolás III lo coloca en la tercera bolsa del octavo círculo del Infierno, donde se castiga la simonía. Simonía es la compra de cargos, acusando así de este pecado la elección de Nicolás III. Tampoco le gustó el nepotismo que practicó durante su papado, ya que dotó de cargos cardenalicios a varios Orsini. Estas prácticas habituales alimentaban el nuevo espíritu reformista que se fraguaba y que marcaría la política Europea durante la edad moderna
EL TESORO QUE NADIE ROBÓ
Puede que a Juan XXI le robaran su salud, el único tesoro que los pobres pueden poseer, que se la arrebataran de golpe más bien. O puede que no, puede que de casualidad se le asignara una biblioteca que fatalmente tenía un techo en mal estado y que por esas cosas que ocurren se desplomara justo cuando no había nadie más en la sala. Pero lo que definitivamente nadie robó fue el tesoro del libro que escribió y la prueba es que ha llegado hasta nuestros días. Hay quien dice que no fue obra de este Papa sino de algún erudito de nombre parecido. Puede que no fuera él quien lo escribiera y es muy posible que algunas de las recetas descritas tampoco fueran creaciones de los autores mencionados. Hoy, 700 años después, puede que nos demos cuenta que su Tesoro nunca fue suyo.
Entonces, ¿le robaron el tesoro al papa Juan XXI?

Deja una respuesta