
Estarás de acuerdo conmigo en que mandrágora es una palabra evocadora. A medio camino entre el misterio de las esdrújulas, la fuerza del dragón y el secreto inconfesado de alguna doncella de antaño.
Es una mezcla tan sugerente que tenía que incorporarla en el título de esta newsletter. Gracias a Harry Potter la mandrágora no ha caído totalmente en el olvido. Podemos agradecer que uno de los ejercicios de los alumnos de la escuela de magia fuera desenterrar una mandrágora . Lo que ocurre al hacerlo es un momento entre pánico, risas y un te lo dije. En Harry Potter la mandrágora chilla tanto y tan alto y tan agudo que el coro a varias voces que se organiza con los alumnos espantados es algo cuanto menos desagradable. Pero en la época de Harry Potter parece que la Mandrágora ya andaba algo más domesticada que en la Edad Media.
Las mandrágoras medievales no sólo chillaban al ser arrancadas sino que eran capaces de matar a la persona que osaba desenterrarlas. Por esta razón se decía que para arrancarla uno había de procurarse un perro y una soga. Un extremo de esa soga se anudaba al perro y el otro a la mandrágora. Sólo faltaba entonces que el perro tirara de ella hasta conseguir arrancar la planta, y si acaso moría alguien que fuera el perro. Por supuesto la opinión del perro no era solicitada e incluso se recomendaba llevarlo a esta situación con engaños, dejándolo hambriento para que luego tirara con más fuerza para conseguir la comida.
Una vez arrancada la mandrágora, uno puede observar la forma de sus raíces y fantasear en que se parece mucho a la forma de un cuerpo humano. Esto es algo que de lo que ya se dieron cuenta en la antigüedad y un motivo más de fascinación a lo largo de todas las épocas. Eh, que hubo quien se entretuvo a clasificar las raíces, unas eran hembras por ser más finitas y más parecidas al cuerpo femenino y otras macho por ser más grandotas y más parecidas al cuerpo masculino.
Superadas las dificultades de la recolección de su raíz y la sorpresa de su forma, ya sólo queda asombrarse por sus propiedades psicoactivas y afrodisíacas. Una perla, vamos. Con intoxicación y peligro de muerte por sobredosis incluido ¿Cómo no iba a considerarse mágica? ¡Si cumple con todos los requisitos! Fantástica y peligrosa. Deseada y temida. La mandrágora ha atravesado todas las épocas hasta llegar a nuestros días.

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