A lo que llamamos chicle hace tiempo que dejó de ser chicle
Hace más de 10 años, o puede que incluso haga más de 20 años, que no mastico chicle. Porque no me apetecen derivados del petróleo ni saborizantes ni edulcorantes que es lo que es un chicle comercial desde que a partir de 1960 se decidió sustituir los ingredientes naturales por sintéticos. Para ese entonces el chicle ya era un producto de consumo elaborado industrialmente y despojado de todo vínculo con lo vegetal. No siempre fue así.

EL CHICLE QUE DIO EL NOMBRE
El chicle primigenio, el que merece el nombre como tal, es el resultado de la recolección de la savia del chicozapote (Manilkara zapota), un árbol que crece en algunas zonas de América. Bueno ahora también por Asia, que en su momento lo llevaron a conocer mundo. Como decía, en América esa savia recibió varios nombres, uno de ellos fue el de tzictli y como chicle se pasó al castellano. Los usos de este látex natural comprendían también los medicinales y su recolección a mano requería conocimientos exactos del proceso. Tras la recolección, el calor espesaba y oscurecía la savia lechosa, volviéndola una goma masticable. ¿Masticable para qué? Masticable para ocuparse de pequeños problemas bucales o digestivos y masticable para saciar el hambre en los grupos de guerreros o cazadores.
UN CHICLE ANTES DEL CHICLE
En la grecia de los tiempos clásicos una resina de las islas del Egeo ocupaba el lugar de los chicles americanos, se trata del mastica, que al castellano ha llegado como almáciga. El mismo Dioscórides nos informa en el siglo I de que la mejor resina de almáciga procedía de la isla de Quíos y que era de tal calidad que se la consideraba un verdadero tesoro. La UNESCO decidió que efectivamente así lo era cuando en el 2014 inscribió como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad a la cultura del mastica de la isla de Quíos.
La almáciga se recolecta de las incisiones practicadas al Pistacia lentiscus, y a diferencia del chicozapote, no se extrae su savia sino su resina. Dioscorides recoge un aceite de mastica y su uso contra las manchas de la piel así como contra la tos y las expectoraciones sanguinolentas, es decir contra la tuberculosis. Que la almáciga sea bueno contra esta enfermedad que afecta al pulmón, sede de la tristeza, no deja de resultar algo más que poético, puesto que su recolección implica “hacer llorar” al árbol y recoger respetuosamente sus “lágrimas” derramadas en verano. A pesar de lo cual, no hay estudios científicos que corroboren esta propiedad, sin embargo sí que los hay que confirman sus efectos sobre otras bacterias como el Helicobacter pylori.
La tradición de la cosecha, preparación y consumo se mantiene en las islas y en la actualidad es fácil encontrar chicles de almáciga.
Si quieres saber más sobre las propiedades medicinales de la almáciga clica en este articulo: El Chicle Antibiótico De La Antigua Grecia
UN CHICLE DE ANTES QUE SE SUPIERA QUE EXISTÍAN LOS CHICLES
Antes que el látex americano y la resina griega, los finlandeses masticaron brea de abedul. Hace 6000 años, una chica joven dejó abandonado en algún lugar, un cacho de brea masticada. La brea es el producto resultante de calentar resina hasta obtener un producto distinto. Mucho más pegajoso que los anteriores, este chicle natural tiene despistados a los arqueólogos, ya que mientras algunos admiten que sus componentes tienen propiedades medicinales otros sólo aceptan la masticación como parte de la manipulación en la obtención de pegamento para la realización de útiles.
EL CHICLE ACTUAL
La brea finlandesa, la almáciga griega y el tzictli mesoamericano implican un vínculo vegetal que se ha perdido completamente en la actualidad. A partir de 1960 el chicle cruzó definitivamente la frontera entre lo vegetal y lo industrial. Algo se desvaneció. Dejó de ser una extensión de la herbolaria. Dejó atrás los beneficios que sus formas anteriores ofrecían para convertirse en plástico masticable con sabor artificial.
El chicle actual está hecho en su mayoría de polímeros sintéticos, edulcorantes artificiales y aditivos cuyo impacto en la salud es, como mínimo, discutible. Ya no nutre, ni limpia, ni conecta con la planta. Ha perdido su origen vegetal y su función terapéutica. Con la pérdida de estos beneficios también desaparece el vínculo cotidiano entre cuerpo y planta.
El predecesor del chicle actual es el chicle de parafina que se vendia en las farmacias a finales del siglo XIX. La aparición del chicle de chicozapote y más tarde del chicle de resina de abeto en el mercado anglosajón relegó momentaneamente a ese chicle de parafina, premonición de los chicles actuales.
El chicle natural se mezcló con azúcar y se diversificó al añadirle sabores distintos. Tal fue su éxito que el uso de materia prima natural se volvió insostenible. Los fabricantes buscaron otras fuentes de aprovisionamiento, más baratas, más rápidas, más predecibles y que pudieran controlar directamente. Aquí se terminó el chicle natural para retomar el chicle de derivados del petróleo.
EL CHICLE DE LA DISCORDIA
La paradoja es que este nuevo chicle artificial toma vises de medicinal al añadírsele determinados productos como vitamina B, extractos de té o de otras plantas, o incluso ácidos que modifican el ph de la boca para proteger de ciertas bacterias. Hoy puedes encontrar chicles sin azúcar, o sin gluten, chicles para dejar de fumar, chicles para adelgazar, y suma y sigue. El chicle es considerado como un soporte medicamentoso en el que algún principio activo se libera en la boca al mascarlo.
A pesar de estas nuevas aplicaciones, la discordia esta servida entre los mismos cientificos ya que mientras para unos el simple hecho de mascar puede ayudar a controlar los nervios, limpiar la boca e incluso prevenir la caries, para otros desestabiliza la digestión con la produccion de saliva y jugos gástricos innecesarios.
Tampoco hay acuerdo entre las diferentes utilidades que se les otorgan a los chicles que la industria va ofreciendo a sus consumidores. Un ejemplo de ello es el chicle de xilitol que durante cierto tiempo ha sido presentado como una panacea para liberar la boca de todas las bacterias y se recomendaba mascar despues de las comidas. Sin embargo ahora hay voces que indican sobre los posibles riesgos cardiovasculares de este chicle además de los desarreglos digestivos como hinchazón, diarreas o gases.
Total, que ahora si quieres mascar un chicle de verdad vas a tener que rebuscar en internet a los productores locales de los chicles originales, sean de chicozapote o sean de almáciga, que los hay. De los de brea de abedul no se yo si encontrarás alguno. Si los encuentras avísame, que la experiencia de probar uno de esos chicles puede resultar muy interesante.

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